Educación e Individuación: A La Bús Queda del Saber Perdido

M. Mercè Domínguez
Palma de Mallorca, Spain
Sociedad Española de Psicologia Analitica

Durante siglos el saber se transmitió como un valor preciocisísimo donde desarrollo moral de la persona y transmisión de conocimiento iban unidos. La transmisión de saber corría pareja a un proceso de iniciación. El ritual de ese proceso expresaba el proceso de muerte y renacimiento, que simbolizaba el cambio de un estadio de ignorancia a uno de sabiduría con el reconocimiento que la comunidad de “maestros” o “sabios” daba al neófito. Gremios, alquimistas, cabalistas, rosacruces, masones y otras tantas sociedades secretas desde los pitagóricos hasta los gnósticos seguían con un esquema similar.

El saber es vida (aqua vitae mercurial que transmite el espíritu), y revive, por eso el que sabe, aún sin darse cuenta, revive en sí aquellos que han estado antes que él y reconoce en sí mismo el gran regalo recibido y que es la continuación encarnada de los que han estado y han sido antes que él. Un claro ejemplo es el mito del maestro Hiram, el maestro muerto, perdido y llorado, que resucita con la llegada de un nuevo maestro. Había un saber vulgar abierto a todos en general y otro oculto para los que no tenían abiertos los ojos del alma. Algunos conocían algunas cosas, pero unos pocos sabían y eso era poseer algo más: un tesoro celosamente guardado, un secreto compartido sólo entre iguales.

Y es que este saber se transmite no por cantidad aprendida, sino por cualidad vivida y asimilada. Es una luz inspiradora que ilumina la conciencia transformando al sujeto cognoscente. El camino del aprendizaje como acercamiento a la sabiduría es un despliegue del sí mismo, tal despliegue se realiza de forma dialéctica: del interior (en sí, sólo sí mismo sin conciencia) al exterior como realización concretizada en el proceso de individuación que va emergiendo lentamente. Y seguidamente se repliega de ese exterior al interior, naciendo así la reflexión necesaria para ser consciente de mí, mi libertad, mis actos, las consecuencias de mis actos y mis responsabilidades, para saltar luego a otro estadio donde se resitúa desde una visión más amplia en intensionalidad (saber más profundo) que a veces se corresponde con la extensionalidad (saber más cosas).

Todo eso lo intento explicar Hegel en La Fenomenología del Espíritu: “Pero el otro lado de su devenir (del devenir del Espíritu se refiere), la historia, es el devenir que sabe, el devenir que se mediatiza a sí mismo. … Este devenir representa un movimiento lento y una sucesión de espíritus, una galería de imágenes cada una de las cuales aparece dotada con la riqueza total del espíritu, razón por la cual desfilan con tanta lentitud, pues el sí mismo tiene que penetrar y digerir toda esta riqueza de su sustancia”1

Todo eso también lo recogió Richard Bach en su célebre relato Juan Salvador Gaviota. En el cuento aparece la tensión entre lo colectivo y la necesidad de individuación como un impulso que mueve hacia la búsqueda del saber y el aprendizaje. El protagonista y sus amigos, gaviotas sabias, pasan por muertes y renacimientos a otros niveles de conciencia, según el grado de saber adquirido, antes de llegar a ser instructores-guías en el arte de volar: “La mayoría de nosotros progresamos con mucha lentitud. Pasamos de un mundo a otro casi exactamente igual, olvidando en seguida de dónde habíamos venido, sin preocuparnos hacia dónde íbamos, viviendo sólo el momento presente. ¿Tienes idea de cuántas vidas debimos cruzar antes de que lográramos la primera idea de que hay más en la vida que comer, luchar, o alcanzar poder en la Bandada? ¿Mil vidas, Juan, diez mil! Y luego cien vidas más hasta que empezamos a aprender que hay algo llamado perfección, y otras cien para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfección y reflejarla”2

Maestro, aprendiz, saber, secreto, iniciación, ritual y símbolo son las palabras claves de lo que podríamos llamar la Enseñanza del Saber Humano.

¿De dónde procede ese saber? ¿Qué proceso misterioso se da en esa relación iniciática del aprendizaje para que resulte enriquecedora y no cegadora? Durante siglos símbolos esotéricos habían protegido de la plebe ese conocimiento sagrado reservado para unos cuantos aristócratas, en la acepción griega de la palabra: los mejores.

El arquetipo del maestro debe entenderse como una polaridad maestro/aprendiz, todo maestro sabe que es y será siempre un aprendiz, todo aprendiz sabe o debería saber que hay un maestro dentro suyo que surgirá cuando esté preparado. Mientras tanto ¿qué otro vínculo puede ayudar entre Maestro y Aprendiz que no sea el común amor al saber.

Y quiero citar unas líneas del cuento de Richard Bach, lo que Juan Salvador Gaviota le dice a Pedro, otra gaviota, respecto a las otras gaviotas que debe enseñar: “Tienes que practicar y llegar a ver a la verdadera gaviota, ver el bien que hay en cada una, y ayudarlas a que lo vean en sí misma. Eso es lo que quiero decir por amar. Es divertido, cuando le aprendes el truco”3

1 G.W.F. Hegel La Fenomenología del Espíritu, pág. 472, Fondo de Cultura Económica, México 1966

2 Richard Bach Juan Salvador Gaviota, pág. 71, Ed. Pomaire, Barcelona 1972

3 Richard Bach op. cit. Pág. 140

Sin embargo, es importante también tener en cuenta la parte umbrívola del arquetipo del Maestro, porque el saber, cual luz resplandenciente que en principio posee el cometido de iluminar y hacernos cognoscible lo que es confiriéndole sentido, también puede cegarnos y obcecarnos en el fanatismo y desde la inflacción del yo volvernos al mundo de las tinieblas. Esa nueva obscuridad aparece cuando el Maestro se olvida de que su saber no le pertenece, pues es fruto de la obra colectiva de la Humanidad en su proceso de devenir consciente. La identificación con lo colectivo diferida a una ilusión del saber como propiedad propia, le lleva a encarnarse en un nuevo Rey Midas y si bien todo lo que toca es oro, se olvida que su alma no puede nutrirse de ese oro fruto de la soberbia. El peligro subyace en que su alma cada vez más raquítica puede morir de hambre.

Si recordamos la leyenda del Rey Midas, observamos como nos coloca ante un posible fracaso del proceso de individuación, siguiendo así la inundación colectiva que ocasionaría la consecuente perdida de la Razón o locura. Cuando Midas se erige en juez y decide sobre quién es mejor flautista Apolo o Pan, el mismo ya se ha colocado por encima de los dioses y ya ha sufrido lógicamente un proceso grave de inflación. Sólo esto explicaría que un ser humano, aún siendo rey, pueda juzgar asuntos divinos. El se cree que sabe y puede decidir y escoge al insaciable Pan, que representa lo colectivo como dios de la naturaleza instintiva y oscura, frente a Apolo, que facilita la individuación y es el dios de la medida, la proporción y el límite. Midas es castigado, evidentemente por tal osadía, 1 con unas preciosas orejas de burro, que avergonzado trata en vano de ocultar y más tarde llega a perder la razón. Lo que ha hecho no es nada sabio, porque las cosas de los dioses son de los dioses y no de los hombre ni tan sólo de un rey como Midas, que aquí aparece como símbolo del sí-mismo ávido y devorador del yo que se confunde con lo colectivo y se pierde en la locura.

Análogamente al rey Midas, el maestro deja de serlo y se vuelve en un presuntuoso y prepotente tirano que manipula y se crece a costa de los demás, a menos que, y aquí se halla la enseñanza del mito, sea en algún momento del proceso destructivo mínimante consciente de las consecuencias de semejante desmán y tenga la suficiente voluntad para reflexionar, reparar y curar las heridas infligidas.

Desde tiempos inmemoriales aparece la humildad como la virtud del sabio, la docta ignorancia socrática que descubre la inconmensurabilidad de lo que le falta por descubrir y aprender en un todavía siempre presente. Humildad que permite contener la tentación de la soberbia, elaborándola eficazmente, sin prisa pero sin pausa, en un vivirse como instrumento que no objetivo de ese saber, permitiendo así la cristalización de la individuación. Humildad en tiempos de soberbia y competitividad. Humildad que nos recuerda que somos eslabones o ladrillos de la obra que es construida desde el Sí-mismo y por todos nosotros, los que hemos sido, somos y serán. El Sí-mismo nos une, cual Espíritu Absoluto hegeliano, con la tarea ancestral del ser humano que sólo puede ser contemplada desde la humildad, pues la soberbia sólo escinde desde la ilusoria posición de considerarse portadores de la Verdad y la Razón. Un gran aprendizaje el del Rey Midas.

1 De todas formas escogiera quien escogiera sería castigado porque caería en una unilateralidad. Más tarde, según cuenta una de las versiones de la leyenda llega a ser consciente de la trampa, que no es otra que la disyunción exclusiva de forma: “o … o …”

Ahora bien ¿Dónde está ese saber actualmente? ¿Dónde lo buscamos? ¿Tiene que ver con lo que se enseña en las aulas de escuelas o universidades? ¿Tiene que ver con las normas sociales y la educación familiar?

En la Ilustración, forja de la democracia constitucional y de los valores contemporáneos, se defiende el intelectualismo socrático: el saber nos hace mejores. La sabiduría se identifica con la Razón que todo lo ilumina. Porque el Saber ha de ser comprensible y lógico, sino no se podría enseñar a otros. Pero esos grandes ilustrados como Diderot, D’Alembert, Rousseau, etc … cultivan también otra faceta del saber que hunde sus raíces en los ciclos inicíaticos más antiguos, siendo miembros de sociedades secretas que intentas aunar esa racionalidad con la vivencia interior desde una perspectiva emocional y anímica, proclamando un nuevo ideal de libertad que se consigue gracias al esfuerzo del trabajo y el amor a la sabiduría, ideales que más tarde quedarán reflejados en La flauta mágica de Mozart:

“Zum Ziele führt dich diese Bahn, doch mußt du, Jünglig, männlich siegen. Drum höre unsere Lehre an: Sei standhaft, dudsam un verschwiegen!1

Ergo, aquí hallamos manifiestamente un tesoro precioso: con paciencia, trabajo y discreción se debe obrar para llegar al saber y este saber nos conduce a la libertad. Sí, a mayor conciencia más libertad, aunque a mayor libertad también más responsabilidad. El que sabe, se sabe libre y responsable de su vida, es definitiva un maestro.

Antes ya he dicho que saber no es un conocimiento superficial de las cosas. El saber es algo más profundo, implica vivencia, no juego de conceptos en un discurso, no formas vacías, pues arrastra valores sentidos, contenido pleno, no morfología y sintaxis gramatical. En el hay y se encuentra siempre. Es necesario ir más allá de las palabras para descubrir el saber. Consecuentemente nuevas preguntas surgen: ¿Eso se realiza actualmente en las escuelas y universidades? ¿Hay un aprendizaje hoy en día que permita llegar a ser y entender y aceptar la vida misma y ser en la vida? ¿Tener un título, capacita realmente para saber y transmitir ese saber guiando el descubrimiento de uno mismo con uno mismo y con los otros?

1 W.A. Mozart La flauta mágica, el libreto es de Emmanuel Schikaneder.

De hecho, la educación familiar, escolar y social sin lugar a dudas debería ayudar a niños y adolescentes en su proceso de individuación, potenciando el desarrollo de su persona y trabajando la sombra. Tendría que potenciar la expresión del sí-mismo para que esos seres humanos en formación pudieran expresar lo mejor de sí mismos desde su sí-mismo, siendo más conscientes, libres y responsables. Y aquí, en mi discurso, las expresiones condicionales “debería” o “tendría que” utilizadas aluden a un desideratum, como si de un apriori kantiano se tratará. Tal vez, así, se unirían la transmisión de conocimiento y la transmisión de saber. Tal vez así se recuperaría la conexión interrumpida intermitentemente entre la educación y su finalidad más importante y verdadera: formar individuos capaces de vivir en sociedad, de colaborar socialmente para un mundo mejor para todos.1

Pero hay un. gran olvido histórico, acaecido probablemente por la masificación del conocimiento y que cada vez se hace más patente en la pedagogía actual: la evolución moral de la persona. Con la masificación se han trivializado los objetivos del aprendizaje, la cantidad aparentemente ha prevalecido sobre la cualidad: se poseen más conocimientos de cosas, pero se sabe menos del sentido de lo primordial de la vida ¿Qué evaluación permitiría saber si un ser humano está o no preparado para recibir ese saber primordial? ¿Están los maestros y profesores actuales preparados para evaluar eso y en forma de que? O incluso aún más: ¿se motiva y potencia desde las instituciones sociales que exista y se transmita ese saber? A simple vista parece que el mercado social considera la conveniencia de estar en posesión de curriculums extensos in crescendo: la formación continua. ¿Esto garantiza realmente más saber? Y si es verdaderamente así, ¿cómo se garantiza y en base a qué?

Lo cierto es que la escuela está en decadencia, la universidad está en decadencia, las instituciones creadas como lugares de aprendizaje ya no son los templos sagrados que garantizaban la transmisión del saber y languidecen en lenta agonía, esas instituciones sagradas en origen decaen día a día, ya no sirven y sus ministros: los profesores vagan desorientados entre la presión de lo que deberían hacer y la triste realidad es que no saben cómo. Por eso el trabajo de maestro o profesor, especialmente el que refiere a la enseñanza secundaria (entre 12 y 18 años) aparece en muchos lugares relegado a quien no encuentra otra cosa mejor y no tiene otro remedio que ejercerlo. Cada vez más es una labor impuesta por la necesidad que algo escogido y mantenido por vocación. Hay una estrepitosa huída de esos ministros desacralizados e incluso algunas veces despreciados socialmente a labores administrativas, bajas, enfermedades. …

1 Es frecuente oir la pregunta que algún niño o adolescente hace al profesor o a otros compañeros sobre la finalidad de alguna de las asignaturas que tiene que estudiar: “¿esto para que sirve?”

Muchos jóvenes profesores que empiezan su labor con entusiasmo languidecen y se deprimen al cabo de unos años. Otros se vuelven alcohólicos, otros adictos a los tranquilizantes y antidepresivos, otros mantienen una relación ambivalente e histérica con sus alumnos, los hay que descargan su sombra de niño incomprendido y maltratado en la escuela con sus alumnos derivando en actos psicológicamente crueles que van desde desprecios, humillaciones hasta insultos en privado y en público. Pero de esto no se habla, no hay que esconderlo, está en la Sombra, pues es sombra obscura y fruto de tanta sombra vivida en el Saber. Nos queda un conocimiento meramente operacional y manipulativo, sin alma -que no es identificable con el saber. Hay profesionales de la enseñanza que viven la experiencia de esa presencia tenebrosa de las tinieblas y son poseídos por ella sin saberlo o, tal vez, sabiéndolo. La sombra les permite sentirse superiores por fin, como si tuviera posesión de algo poderoso que sus alumnos no poseen y eso les pesa mucho y dejan caer ese poder pesado de su figura y de sus palabras sobre los niños y adolescentes. Los pies de la sombra pisotean al sí mismo del alumno, le hieren y esa herida-humillación sangra, malea y crea sombra proyectada en las sombras de la Sombra ¡Cuan poderosa se ha vuelto la Sombra!

Evidentemente, la educación como formación de personas es un hermoso lema. El arquetipo Persona se activa en la interrelación profesor-alumno. ¿Cómo pueden formar personas, seres humanos que no han resuelto todavía el problema con su sombra? ¿Cómo puede ayudar a crecer un maestro-guía, que padece un trastorno de la personalidad narcisista, ciclotímico …? O incluso aún más: ¿tendría que hacerse una evaluación psicológica de los enseñantes? Y si se hiciera, ¿se trataría de una evaluación psicológica regular o esporádica o puntual? Y, siguiendo con los interrogantes, para más inri: ¿en quién o quiénes recaería la capacitación para hacerla?

Un saber se ha dado rompiendo el antiguo secreto, pero no ha llegado ¿qué ha pasado en el proceso? Queda claro que hay algo roto socialmente que refiere a la educación, agujeros y vacíos que desorientan tanto a educadores como a educandos. El panorama es para muchos desolador y ambas partes se sientes desamparadas. Ni la ley, ni las normas internas de los centros, ni un curriculum reinventado amparan cuando el tesoro ha desaparecido.

Una penosa realidad se impone, de la cual poco a poco van emergiendo en la conciencia social ciertos destellos. Niños y adolescentes que se suicidan por malas notas, otros que agreden física y verbalmente a sus compañeros o incluso a algunos profesores que consideran “débiles” y susceptibles de descargar su furia anti-todo, alumnos que adquieren fobías a determinadas asignaturas de determinados profesores o incluso fobías generalizadas por extensión a la institución escolar y, consecuentemente, dejan sus estudios, absentismo escolar … Elsos alumnos o alumnas no saben que realmente “valen”, porque son valiosos desde la perspectiva de seres humanos únicos e irrepetibles. Cada vez más hay más adolescentes que acuden drogados a las aulas y se sumergen en su mundo porque nadie comunica con ellos. Cada vez más hay padres y madres de adolescentes que tiran la toalla y dan la culpa a la institución escolar y los trabajadores escolares culpan a los padres. Cada vez hay más profesores que padecen el llamado “síndrome del quemado” Cada vez más hay más cursos de formación para profesores y maestros, pero esos cursos ¿enseñan lo necesario, aquello que es vital saber? ¿Qué es lo que falta? ¿Como activar la persona y un dialogo entre persona y sombra que fluya desde el sí mismo?

Tal vez si nos detuviéramos en el arquetipo del maestro y en como se vive en la actualidad podríamos entender que está sucediendo. Pero ¿qué es un maestro? Como aproximación podríamos decir que durante muchos tiempo los seres humanos nos hemos referido a un Maestro en su faceta lumínica como un ser humano que enseña y muestra, que hace comprensible todo aquello que nos era desconocido y nutre espiritualmente de ansias de saber nuestra alma. El Maestro es un sabio que siempre está en proceso de ser sabio, pues ama tanto la sabiduría (filosofo) que no la siente jamás siendo posesión suya ni pretende tampoco en ningún momento que él mismo posea algo excepcionalmente diferente a los demás para alcanzarla. Un maestro es un indagador creativo ante los problema, un explorador en la misteriosa aventura de la vida, un buscador de tesoros escondidos en el alma de cada ser humano, en resumidas cuenta es un mago capaz de transformarse y transformar lo que le rodea como buen alquimista que recoge y cuece en su atanor hechos, palabras, emociones, deseos, posibilidades y sueños. Y aún más, porque hay en él un impulso inquietante de compartir lo que sabe con otros, de ahí se origina esa necesidad de enseñar el saber: enseñándolo, muestra también el camino para llegar (método).

Este camino de aprendiza aparece angosto para el niño y el adolescente, siempre de costoso esfuerzo y constante trabajo; sin embargo, al final se halla la recompensa tan esperada. Como referencia al camino de ese saber que nos lleva a nuestro castillo interior, sirva como metáfora todo lo que se encuentra Aina, la protagonista del cuento del Castell Sense-Lloc-Ni-Nom: Es un cuento que escribí cuando me enteré de una triste noticia, uno de los mejores alumnos de mi marido, profesor de filosofía en un instituto se había suicidado, “Era com si el camí s’obrís al seu pas i a la vegada desaparegués a la seva esquena: el lloc on es trobava en aquells moments després ja no hi era, ni les agulles de pi, ni les petites flors, ni les pedres, ni els matolls, res de res, com si mai no haguessin estat enllà”1 El camino es individual e irrepetible, por eso cada vez que en el castillo va pasando de una estancia a otra Aina escucha: “Aquesta porta s’obre per a tu”2 o bien “aquesta porta es tanca per a tu”:3 las posibilidades de la vida, de ser, de aprehender y aprehendernos viviendo se abren y se cierran sin cesar para cada uno de nosotros. Aina tiene sólo diez años, pero podría tener doce, trece, veinte o cuarenta o más incluso. Su aprendizaje empieza al experimentarse conscientemente por primera vez como ser independiente y diferenciado que tiene que abrirse camino en el mundo. Pero necesita de su animus, que la ayude para salir de un lugar tan numinoso como el Castell Sense-Lloc-Ni-Nom, donde uno puede quedarse encerrado para siempre. Su animus, representado por un amigo del colegio de su misma edad, corre en su ayuda. Aina le necesita pues se ha quedado dormida soñando, presa de su fantasia. Verdaderamente, se necesita del animus para encarar la vida. Tomeu (el animus) la despierta, la empuja hacia adelante, . pero aún ninguno de los dos sabe muy bien por dónde salir, ¡todo les resulta tan extraño! Es entonces cuando se encuentran con el aguila real, animal solar que les hace tres preguntas. Este es el verdadero comienzo de la prueba de iniciación, que permite el paso de la niñez a la adolescencia. Aquí es donde se pone a prueba si Aina ha aprendido algo más que las matemáticas y la geografía. A cada respuesta obtienen un objeto mágico del cual se deben desprender en el momento adecuado, si quieren alcanzar la salida. Los objetos son una piedra, una rosa y un espejo, que acabaran en las manos de un bufón, una hilandera y una hermosa dama despeinada El espejo está reservado para esa dama, la Señora Conciencia. Pero aún les falta una última prueba … Cuando consiguen salir la gente les encuentra diferentes: “tots dos duian una pols daurada i molt fina als cabells”4 Se ha dado la transmutación alquímica y el oro que había por fin ha surgido. Ellos no pueden, no saben o no quieren explicar a nadie lo vivido porque les pertenece, pertenece a su mundo interno, a su intimidad recién descubierta: “I a hores d’ara si algú per ventura demana a n’Aina i en Tomeu què va passar o què van fer aquelles dues setmanes, ells no diuen paraula tan sols es miren i s’agafan de la mà amb un somriure. Així, doncs, ningú no ho sap … o potser tots ho sabem, perquè hi hem estat qualque pic, però també ens n’hem oblidat”5

1 Traducción: “Era como si el camino se abriera a su paso y a la vez desapareciera a su espalda: el lugar donde se encontraba en aquellos momentos después ya no estaba, ni les agujas de pino, ni las florecitas, ni las piedras, ni los matorrales, nada de nada, como si nunca hubieran estado allí” M. Mercè Domínguez El Castell Sense-Nom-Ni- Lloc, pág. 12 Edicions de la Magrana, Barcelona 1996

2 Traducción: “Esta puerta se abre para tí”

3 Traducción: “Esta puerta se cierra para tí”

4 Traducción: “Los dos llevaban un polvo dorado y muy fino en el pelo” M. Mercè Domínguez, op. cit. pág. 49

5 Traducción: “Y si ahora alguien pregunta por casualidad a Aina y Tomeu qué pasó o qué hicieron aquellas dos semanas, ellos no dicen nada, tan sólo se miran y se cogen de la mano con una sonrisa de complicidad. Así, pues, nadie lo sabe … o tal vez todos lo sabemos, porque hemos estado allí en algún momento, però también nos hemos olvidado” M. Mercè Domínguez, op.cit. pág. 50

Detrás de cada enseñanza bien aprendida está la sabiduría, tras las acciones y palabras memorizadas se halla la sabiduría, pero ni repetir mecánicamente unos actos ni machacar una tras otra cantinelas de respuestas, oraciones o remedios son la sabiduría. No hay que confundir formas y contenidos. Las formas contienen, pero no son contenido. Las clases no son sino forma que contiene aquello que permite transmitir destellos de luz y conciencia en los alumnos.

¿A quien consideran Maestro nuestras jóvenes generaciones emergentes? ¿Los maestros están donde teóricamente tocaría que estuvieran? Porque, pese a todo hay sed y hambre de saber dentro y fuera de las aulas, aunque también hay frustación entre los profesores tras la queja de que los alumnos no escuchan y ni siquiera se interesan por algo de su asignatura. Desde luego no hay duda que existe un desencuentro creciente. ¿Qué puede hacer la psicología analítica ante todo esto? Sabemos que en nuestro país ha habido extensos estudios de la situación del llamado “fracaso escolar” desde la perspectiva conductista, sistémica y cognitivista especialmente. Mi opinión personal es que la psicología analítica puede dar una interpretación enriquecedora para la comprensión del problema. Que tendría que hacerse escuchar cada vez más en la psicología escolar y en la psicopedagogía. Tal vez donde haga más falta sea en la labor de tutoría, los junguianos tendríamos mucho que decir y aportar, para ayudar a formar la figura del tutor como Maestro-guía que encamina, ayuda, motiva y protege, pues esa y no otra debería ser la figura del tutor.

Otro ejemplo del adolescente y su búsqueda está en L’Andreu i el Drac dels set Caps. El joven Andreu, de doce años, es guiado por su anima, Lila, que ha venido con sus congéneres, los seres luminosos del planeta Tetra-Gamma, de visita a la Tierra. Andreu es invitado a un viaje mágico justo el día después de su cumpleaños. Así vivirá una experiencia completamente arquetípica en la cual el espacio y el tiempo no tienen razón de ser. En ese utopos atemporal, debe rescatar a Lila de un dragón de siete cabezas. Eso sólo puede hacerlo con astucia e ingenio, jamás por la fuerza. En su trabajo le ayudaran los grajos -pájaros negros de los córvidos que se asocian culturalmente a la muerte-. Con la llave perdida de los grajos es capaz de entrar en las profundidades de la tierra y volver. Todo eso para conseguir la verdadera tarea que no es otra que recuperar una cajita donde está recogida la música interestelar: “Aquesta és la medecina dels estels que dóna forces per lluitar contra els monstres com ell”1 – explica Lila refiriéndose al dragón – Esa música pitagórica que está en el universo y que nos acompaña desde que nacemos, que pasa desapercibida pero que está como muestra de armonía del Cosmos, esa música que puede estimular las fuerzas de cualquier guerrero o guerrera adolescente para luchar contra los monstruos sombríos que aparecen. Es evidente, que cuando regresa a casa, Andreu ha aprendido, su viaje iniciático, que es únicamente suyo y que tampoco es explicable, porque es una vivencia íntima que con toda seguridad le acompañará toda su vida: “I fou a mitjanit, quan ja era al llit endormiscat, que succeí. N’Andreu oí una música que venia d’enfora. Sense rumiar-s’ho dos pics, s’aixeca ben de pressa i obrí la finestra de bat a bat. L’aire fresc i humit entrà a la cambra. N’Andreu mirà el cel i per un moment allà li paregué entreveure un puntet daurat que es movia entre els estels tot just al voltant de Venus. Ara entenia què significava aquella frase de l’avi: “Allà està escrit el camí de tornada a casa …”2 El anciano sabio y el niño se han unido y en el cuento se ha dado pues un hermoso relevo generacional: el nieto ha entendido la sabiduría del abuelo.

Ahora bien, ¿qué hace la educación escolar, social o familiar para dotar a estas nuevas generaciones de ese saber que puede y no puede relacionarse con las materias aprendidas?

Desde mi doble perspectiva de analista y enseñante y después de jornadas y jornadas de reflexión he llegado a las siguientes conclusiones:

  1. Cualquier profesor-maestro debería ser ante todo contemporáneo, o sea, le serviría de mucho conocer y comprender los símbolos que las nuevas generaciones manejan. Con eso se ganaría en comprensión y comunicación. Me refiero tanto a palabras generacional y grupalmente “identificativas” como a logos, dibujos o ideogramas utilizados.
  2. Tratar a los alumnos de forma individualizada porque cada caso es distinto y, en determinadas situaciones, requiere una atención y una relación distinta: lo que hoy llamamos “atención a la diversidad”, compaginando ese trato con el encuentro grupal de la clase para favorecer la socialización.3
  3. Reconocer en su interior la existencia de aquel niño o adolescente aprendiz que tardo su tiempo en llegar a la meta y atender así al movimiento emocional que se creo ante los obstáculos hallados y tal cómo se superaron, cociendo y sublimando todo posible resentimiento, para atender mejor a la desorientación vivida, si la hubo, que junto con el esfuerzo gastado en ocasiones hasta en balde y recibiendo alguna que otra frustración, pueda servir de puente empático hacia el alumno.
  4. Con eso estoy diciendo que la contención de la sombra es necesaria4, para no desplegarla sobre los alumnos: no sólo su lenguaje, sino también sus intereses y su presente no tienen por qué ser idénticos a los nuestros. Eso se llama tener respeto a su diferenciación como individuos, cuestión básica para ayudarles en su diferenciación reconociéndola de antemano.
  5. Aquí vienen, pues, los valores humanos y sociales con los que la persona del maestro pueda contar. ¿Cómo se halla su persona? ¿Está bien adaptada a la función que se le exige o por el contrario ejerce esa tarea porque no ha encontrado otro tipo de trabajo? ¿Se le puede ayudar a adaptarse o readaptarse? La maleabilidad propia de la persona del maestro es algo casi imprescindible para congeniar con grupos y personas tan dispares. Si no, quizás fuera conveniente el planteamiento de un cambio de trabajo.
  6. Una buena comunicación con su inconsciente, para que su conciencia pueda nutrirse del descubrimiento cotidiano de las vivencias habidas. Para saber escuchar lo no dicho y percibir lo no mostrado tanto en él como en los alumnos, pues la interrelación siempre está hecha de llenos y vacíos.
  7. Saber escuchar y poseer capacidad de insight para saber diferenciar y diferenciarse de su labor y aceptar que los alumnos pueden enseñar también muchas cosas, porque haciéndonos eco del pensamiento de Jung: no siempre es el educador quien educa, ni el niño quien es educado.5

Y aquí se me ocurre de nuevo la analogía con el cuento de Richard Bach. La enseñanza sería entrenar el espíritu del alumno para que vuele por sí mismo libre y feliz en la aventura de la vida, que no es otra cosa que transmitirles ese legado sagrado que nutre el alma de sabiduría, ayudarles en su cristalización, en el camino de su individuación y recordarles que son eslabones unidos necesarios en la cadena que une a la Humanidad. En el relato, Juan Salvador y sus amigos vuelan tanto en la oscuridad como en la luz: “En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, ¿hay una razón para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡Podremos ser libres! ¡Podremos aprender a volar!6

1 Traducción: “Esta es la medicina de las estrellas que da fuerza para luchar contra los monstruos como él” M. Mercè Domínguez L’Andreu i el Drac dels Set Caps” pág. 98, Edicions de la Magrana, Barcelona 1998

2 Traducción: Y fue a medianoche, cuando ya estaba adormilado en la cama, cuando sucedió. Andreu oyó una múscia que venia de fuera. Sin pensarselo dos veces, se levanto enseguida y abrió la ventana. El aire fresco y humedo entro en la habitación. Andreu miró al cielo y por un momento le pareció entrever un puntito dorado que se movía entre las estrellas justamente alrededor de Venus. Ahora entendia lo que significaba aquella frase del abuelo: Allá está escrito el camino de vuelta a casa” M. Mercè Domínguez, op. cit. 116.

3 Esta posición de “atención a la diversidad” podemos encontrarla en C.G. Jung en Analytische Psychologie und Erziehung, cuando nos dice: “Jedes Individuum ist ein neues Experiment des immer wechselnden Lebens und ein Versuch zu einer neuen Lösung und einer neuen Anpassung. Wir würden den Sinn einer individuellen Psyche verfehlen, wenn wir sie auf der Basis vorgefaßter Meinungen deuteten, wie sehr wir auch dazu neigen mögen. Für den Artzt bedeutet dies das individuelle Studium eines jeden Falles, für den Pädagogen das individuelle Studium jedes Zöglings. Natürlich den Pädagogen das individuelle Studium jedes Zöglings. Natürlich will ich damit nicht sagen daß man die Erforschung eines jeden Falles von Grund auf neu zu beginnen habe. Insoweit als man bereits versteht, ist eine Erforschung nicht nötig. Aber ich rede nur dann von Verständnis, wenn der Patient oder der Zögling mit unserer Deutung einverstanden sein kann”, pág. 110, G.W. 17

4 Una breve, pero rica reflexión sobre la relación entre maestro-alumno la encontramos en Adolf Guggenbhül-Craig en su obra Poder y destructividad en psicoterapia, pues cuando la sombra se escinde “Esos maestros se han convertido en nada más que maestros y se enfrentan a los ignorantes niños casi como a enemigos. Se quejan de que los niños no saben nada y de que no desean aprender; sus nervios son destrozados por la infantilidad y la falta de autocontrol son el Otro, ese que ellos nunca querrán ser. Maestros así derivan un cierto placer de exhibir su poder a los niños, atormentándolos y manteniéndolos a raya con “promedios matemáticos” cuidadosamente calculados”, pag. 99-100, Ed. Monte Avila Latinoamericana, Caracas 1992.

5 C.G. Jung: “Es ist nun nicht so, daß der Erzieher stets derjenige ist, der andere erzieht, und das Kind nur das zu Erziehende” op.cit. pág. 139 GW 17

6 Richard Bach, op. cit. pág. 35

Bibliografia

  • Bach, Richard, Juan Salvador Gaviota Ed. Pomaire, Barcelona 1972.
  • Domínguez, M. Mercè, El Castell Sense-Nom-Ni-Lloc. Edicions La Magrana, Barcelona, 1996.
  • ______L’Andreu i el Drac dels Set Caps, Edicions La Magrana, Barcelona, 1998.
  • Guggenbühl-Craig, Craig, Poder y destructividad en psicoterapia, Ed. Monte Avila Lati noamerica, Caracas 1992.
  • Jung, C.G., Analytische Psychologie und Erziehung, G.W. 17.
  • Hegel, G.W.F., La fenomenología del Espíritu, Ed. Fondo de Cultura Ecónomica, México, 1966.
  • Mozart, W.A./ Schikaneder, Emmanuel, La flauta mágica.